Sesiones de Reiki a embarazadas


  • Entre los miles de argumentos utilizados por parte de algunas escuelas de Reiki, para acercar a la gente a la disciplina, está el mencionar ciertos aspectos de la vida de Mikao Usui que lo “acercarían” al cristianismo. Entre ellos, el decir que Jesús, hacía Reiki.

    Esta idea, incluye una serie de hechos que intentan plantearse como mitos, como por ejemplo, que Usui había estudiado para ser sacerdote católico, que estudió con esotéricos cristianos e incluso la mayor de las barbaridades, que había estudiado medicina en Chicago. Lamentamos decirle a quienes tomaron esos datos como válidos, que son todos absolutamente falsos.

    Se comienza con la instalación del concepto de mito, porque existen algunas realidades que podrían acercarlo siendo muy especulativos. Pero el problema radica en que ninguno, de los hechos mencionados, son verdaderos. Por suerte la vida de Usui está perfectamente documentada y con información muy fiel, para la época incluso. Usui nunca viajó a Estados Unidos, nunca tuvo relación con el cristianismo, ni se acercó siquiera al esoterismo en esa disciplina.

    La carrera de Usui se desarrolló en principio en el Budismo Tendai y varias formas de artes marciales, en las cuales se volvió experto y de allí al Shintó. Se puede especular con ideas más budistas o más shintoistas dentro de la disciplina ya que la misma incorpora aspectos técnicos de varias partes, pero de ninguna manera se acercan a ideas teístas. A estas alturas esto está tan chequeado históricamente que el mismo Vaticano desmiente cualquier relación con Mikao Usui Sensei.

    Dicho esto podemos pasar a realizar un análisis profundo acerca de Jesús y el Reiki, intentando desarrollar una serie de comparaciones con el objeto de quitar cualquier margen de duda.

    El hecho de base radica en el año en que el Reiki es desarrollado. El Reiki sale a la luz en Japón en 1920 incialmente y el Usui Rioho Gakkai se funda el 11 de abril de 1922, siendo el Reiki una disciplina que utiliza la imposición de manos con técnicas incorporadas de otras escuelas, pero en sí, muy distintas a todas las anteriores. El Jesús “histórico”, es anterior a este desarrollo por lo cual ya podemos descartar de plano la idea. Por más que se utilicen las manos en una determinada posición, que puede ser similar, no significa que la técnica empleada sea la misma. Sería lo mismo que decir que por utilizar los pies y las manos sobre una pelota ovalada el futbol americano y el rugby son el mismo deporte, o que el vino, el champagne y la grapa son la misma bebida porque se hacen con uvas.

    En consiguiente debemos estudiar la técnica. Jesús, por tratarse de un ser superior, súper poderoso y Dios en sí mismo, lo que hace, de acuerdo al material de estudio de su vida que tenemos es, sanación a través del toque de su mano utilizando su propia energía ya que él tiene en él mismo, la totalidad del poder del universo. En el caso de Usui, que no es Dios, canaliza energía que es parte de una vibración universal.

    Cuando nos referimos a “Universal”, nos referimos a “todo” lo que existe, que incluye también al reikista que está operando. Lo que hace Usui es tomar energía y modificar su frecuencia, no utiliza energía propia. De allí que uno de los símbolos icónicos del Reiki es una caña de bambú, que representa un canal, no la emisión propia. La idea y el concepto básico con el que se creó y desarrolló el Reiki tenía que ver con el NO UTILIZAR la propia energía, ya que estuvo siempre destinado a que las personas que se acercaran a la disciplina pudieran, no necesariamente, ser monjes con entrenamiento, sino cualquiera que quisiera aprender a percibir la misma y aprender a “canalizarla”. Canalizar, definitivamente no es lo mismo que solo emitir.

    El objetivo de la aplicación técnica también es diferente. Así como en Rugby es el try y en Futbol Americano el touchdown, entre el Reiki y las aplicaciones de Jesús también hay diferencias notables. En el caso de Jesús, y de acuerdo a las fuentes que relatan sus historias, curaba a las personas con su imposición en un instante, casi con su sola presencia y su objetivo con esto, era la obtención de ese milagro que hiciera que una persona vuelva a ver o resucite de la muerte.

    En palabras de la recientemente fallecida Phyllis Furumoto Sensei, tenemos la respuesta a esto: “La muerte no es el enemigo de la disciplina, el objetivo de la misma es vivir bien”. En Reiki no se pone jamás una expectativa de sanación, sino que el objetivo es la búsqueda de la armonía energética, la cual no se logra en segundos con una aplicación sino con el trabajo diario de un tiempo determinado que oscila de los 15 a los 45 minutos en la cual, no hay más intención que la de hacer circular energía en calma y que esto produzca dicha armonía, si eso conlleva a la sanación, termina siendo un efecto secundario pero no es la esencia de la transmisión de energía. No se hace Reiki para bajar la fiebre, sino para ayudar al cuerpo a que esté fuerte para que enfrente mejor el problema.

    Dicho de otra manera, el Reiki debe ser visto en ese aspecto, no como una herramienta de sanación sino como una práctica saludable, que es muy distinto. El Reiki no va a curar una quebradura, lo cual Jesús si haría, sino que complementa el trabajo de un traumatólogo que colocó un yeso, asistiendo al cuerpo energéticamente para que este acelere el proceso NATURAL de sanación. Si lo vemos desde un punto de vista más práctico y realista, el Reiki no busca magia, ni milagros, lo que termina mostrando que los objetivos son completamente distintos.

    Tenemos finalmente el argumento filosófico que los Shinpidens (tercer grado de Reiki Usui Shiki Ryoho), entienden mejor cuando estudian en profundidad sus símbolos. El Reiki desde su anagrama nos muestra un Universo único integrado, donde la totalidad de la energía es la misma desde el Big Bang hasta hoy, y con una cosmovivencia en forma de rueda, en la cual todo se mueve circular y en ciclos. Esto está explicado tanto en el Kanji, como en el símbolo de tercero y explicado también explícitamente en los Hikus que el mismo Usui utilizaba en sus enseñanzas, tomados de “Ecos de la cascada”, del Emperador Meiji, de quien tomó mucho del conocimiento filosófico que se estudia en la disciplina en los grados más avanzados de las escuelas tradicionales de la disciplina.

    En esta cosmovivencia no existe nada superior a nada, y es por eso que se utiliza el término Sensei y no maestro. Todo debe fluir en armonía con los cuatro elementos componentes de todo en perfecto equilibrio. El Reiki simplemente equilibra lo que ya está, y plasma en materia lo que energéticamente está manifestado, pero no incorpora a la materia nada que no exista. En pocas palabras, con Reiki no se puede ni caminar por las aguas, ni convertir agua en vino, ni hacer aparecer peces, ya que dentro de la filosofía misma de la disciplina estas cosas no son posibles. Desde el punto de vista tanto Shintó como budista, ni de ninguna de las filosofías que estuviesen cercanas a Usui en la época, existía la posibilidad de hacer aparecer cosas mágicamente y no existe técnica alguna de las que haya estudiado Usui que puedas realizar estas proezas.

    Los Gokais, incorporados en 1922, interpretados correctamente hacen clara referencia a la no espera de milagros.

    La cosmovisión Cristiana es opuesta a este pensamiento, ya que de base si debe creer en el realismo mágico para la sucesión de hechos relacionados a Jesús. El poder de Jesús en este caso no se asemeja en absolutamente nada a lo que se puede hacer con Reiki, ya que la posibilidad de generar curas milagrosas es marca su marca registrada y no propia de las filosofías provenientes del Japón de fines del siglo XIX y principios del XX.

    En resumen, podemos concluir que el Reiki dista muchísimo de las prácticas energéticas realizadas por Jesús, y que ni siquiera son comparables tan fácil, porque parten de filosofías y de formas de entender el universo completamente distintas; porque sus fines son opuestos, como pudimos ver; porque técnicamente se realizan de formas que ni siquiera se parecen con resultados que no tienen nada en común y también porque pertenecen a tiempos distintos con aprendizajes de sus formadores también diferentes.

     

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